Agradezco a Dios y al Pastor Luis Llanes por la oportunidad que me conceden de comentar este libro, que es una valiosa ayuda y apoyo al estudiante de la Biblia y a todo lector, cuando se dispone a leer y estudiar el libro de los Salmos.
Los Salmos, que constituyen una colección magnífica, una verdadera joya de la literatura religiosa y poseen la excelencia de ser un genuino alimento espiritual, nos llegan desde tiempos muy remotos, desde muchos siglos antes de la era cristiana, cuando aún no se había escrito libros ni producido obras religioso-literarias de esta envergadura, ya que la misma escritura estaba en “pañales”, es decir, en sus comienzos y por lo tanto no existían bolígrafos, ni papel, ni libros, ni bibliotecas; en tiempos cuando había pocos escritores, y eran escasas las personas que sabían leer.
En el Codex Alejandrino se usa la designación Psalterion, de donde viene el término Salterio, palabra que originalmente significaba un instrumento de cuerda, al que, por asociación de ideas, llegó a representar “los cantos acompañados por instrumentos de cuerdas”.
La versión de los LXX utiliza el término Psalmoi, plural de una palabra que significa “un toque agudo”, “tirar o restallar con los dedos”, que corresponde mejor al término preferido en los títulos de los Salmos: “mizmor” o una “melodía”. Este término se utiliza en el Antiguo Testamento para designar solamente cantos religiosos. También viene de una raíz que significa “tirar” o “pellizcar” que se aplica así a la acción de tañer las cuerdas de un instrumento musical con los dedos. Por lo tanto, el término “mizmor”, traducido comúnmente como “salmo”, se aplica a un canto acompañado de música instrumental.
El libro de los Salmos es el himnario y el libro de oraciones de la Biblia. Compuestos por distintos autores en un largo período (desde el siglo X antes a. C. hasta el siglo III a. C.), estos himnos y oraciones fueron recopilados y agrupados para ser usados por el pueblo de Israel en sus ritos y ceremonias y oportunamente fueron incluidos en sus Escrituras Sagradas.
Estos poemas religiosos son de muchas clases. Hay himnos de oración y adoración a Dios, oraciones que imploran la ayuda, protección y salvación, plegarias que suplican el perdón, canciones de gratitud por las bendiciones recibidas de Dios, alabanzas que destacan Su grandeza y esplendor, loas por Su piedad y misericordia, peticiones que solicitan el castigo de Sus enemigos. Estas oraciones son elevadas al Señor tanto personalmente como en favor de la nación. Algunos de los Salmos son el “retrato” de los sentimientos más íntimos de una persona, mientras que otros representan las aflicciones y necesidades de todo el pueblo de Dios.
El Salterio contiene las expresiones de muchos individuos, de diferentes épocas y emitidas en una gran diversidad de situaciones. Es también el depósito de la experiencia religiosa individual de algunos israelitas. Sus nombres pueden sernos desconocidos, pero las expresiones de sus corazones revelan una variedad de actitudes mentales y espirituales que es lo que da a los Salmos su carácter universal.
Son un espejo del alma. No hay tipo de experiencia religiosa moderna que no esté reflejada de antemano, a menudo en una manifestación clásica, en el Salterio. Allí se encuentra, en cada página, la expresión de absoluta confianza en Dios. Él es para el Salmista “luz y salvación”. En Él no hay por qué temer, porque el Señor no se duerme, y el ángel del Señor acampa y defiende a los que le aman y reverencian. La expresión del ánimo agradecido es una nota característica. Allí, con completa sinceridad, se sondea el sentido de culpa y pecado del alma, en toda su rudeza y su poder destructor. Enseguida viene el clamor del corazón por perdón, purificación y restauración, el hambre de una nueva creación y renovación interiores.
Algunos salmos nos presentan al estudiante de la Ley que se gloría en esa perfecta revelación de todo lo necesario para la vida. Allí también están los salmos reflexivos, donde algunos individuos se debaten con el problema del mal, y en la culminación de uno de ellos se da expresión a un sentimiento de comunión con el Señor, tan profundo y rico que da luz al hombre moderno sobre la naturaleza de la unión espiritual con Dios.
Ocasionalmente, hay un resplandor de apasionada indignación contra los hombres, e impaciencia ante la aparente lejanía de Dios. Estos tonos menores del Salterio solo sirven, sin embargo, para elevar una mas noble claridad los estados de ánimo predominantes de aspiración e inextinguible esperanza de perdón, restauración, y triunfo. En los salmos hallamos, mucho más ampliamente que en cualquier otro libro, un vehículo de expresión para las variadas emociones y ansias de la humanidad de hoy.
Los profetas ponen de manifiesto la mente de Israel frente a Dios. Los salmistas descubren el corazón de Israel en su experiencia con Dios. No hay en el mundo otro conjunto de literatura devocional comparable a los Salmos como expresión de la realidad. En el libro de los Salmos, hallamos la religión de Israel en su mayor profundidad y su mas apasionada intensidad.
Los salmistas fueron herederos de la profunda penetración y las experiencias espirituales de los profetas. Estos últimos fueron los caudillos intelectuales y espirituales de Israel, exploraron nuevos senderos que conducían hacia Dios y abrieron nuevas sendas de tránsito del hombre. Los salmistas encontraron en gran parte esas conquistas a su disposición.
Ellos las tomaron, las vivieron experimentalmente, las aplicaron a la vida de los individuos y a la colectividad, y las unieron al culto religioso centralizado en el templo, intensificándolo y profundizándolo. Los Salmos que, como hemos dicho, representan aproximadamente mil años de la historia de Israel, pueden ser considerados como una trascripción de los impulsos vivientes del corazón del pueblo hebreo.
Procedentes de una gran variedad de individuos, que habían aprendido a regocijarse en manifestaciones de alborozo inexpresable lo mismo que a clamar a Dios desde las profundidades de una angustia inenarrable, constituyen un espejo de la vida del alma, no solo de Israel, sino también de la Humanidad entera. Es el libro de devoción más noble que poseemos, y nos ha enaltecido por la reverencia de siglos a los cuales ha comunicado fuerza y luz.
Los salmos fueron usados por el Señor Jesús, citados por los escritores del Nuevo Testamento, recomendados por el Apóstol Pablo (Efesios 5:19) y llegaron a ser el precioso e inspirador libro de adoración y alabanza de la Iglesia cristiana desde sus comienzos. El libro de los Salmos es un tesoro prodigioso donde podemos encontrar verdaderas joyas espirituales para nuestra vida de oración y alabanza.
El pastor Luis Llanes, con este trabajo tan meticulosamente preparado, nos ayuda a leer, comprender, y gozar de la lectura de los Salmos. Siguiendo sus consejos y sugerencias participaremos, como él dice, conjuntamente con los protagonistas y los que los escribieron, de sus mismas experiencias. Y de este modo, nos habremos capacitado para poder enseñarlos y transmitir a otros sus maravillosas verdades.
Si bien este libro parece ser una guía para estudiantes de Teología y texto de Hermenéutica para predicadores y pastores, me place recomendar su lectura y utilización al pueblo de cristiano y a todos los que deseen encontrar una fuente de inspiración y alimento espiritual en la Biblia. Sin duda alguna disfrutarán, como me ocurrió a mi, de la lectura de los Salmos, guiados por los comentarios sintéticos, el bosquejo analítico y textual de cada uno de ello y las cuatro recomendaciones iniciales que el Pastor Llanes aconseja al principio del libro, las cuales seguramente también aplicarán, no solo al texto de los Salmos, sino a la totalidad del maravilloso libro, La Biblia, que Dios ha puesto a nuestro alcance y que nos habla tan claramente en distintas ocasiones que nos toca vivir.
ALEJANDRO JOSÉ GARABANO
Pastor jubilado de la Iglesia Evangélica
Metodista Argentina.
Puerto Madryn, Chubut, Rep. Argentina.